Tlatolophus de Haolonggood (2023)

Hay figuras que uno no está buscando activamente, pero cuando aparecen entiendes que tenían que formar parte de la colección. Eso me pasó con el Tlatolophus de Haolonggood (2023).

La especie no estaba en mi radar, no era una prioridad, ni un “must have”. Pero una vez que la vi bien presentada, entendí algo: este tipo de figuras son las que realmente completan una colección. No por fama, sino por diversidad.

Salir de las especies clásicas siempre marca la diferencia. Y cuando empiezas a ampliar grupos específicos —en este caso, hadrosaurios con cresta— la vitrina empieza a sentirse más museo y menos repetitiva.

Tamaño y escala

La figura mantiene la coherencia de Haolonggood en escala 1/35, algo que personalmente valoro muchísimo. Tiene un tamaño aproximado de 22 cm de largo y 8,5 cm de alto, lo que le da una presencia muy equilibrada en vitrina.

No es una pieza gigantesca, pero tampoco pasa desapercibida. La cresta le aporta identidad inmediata y rompe visualmente con los terópodos o saurópodos que suelen dominar las colecciones.

La elección de color

En mi caso, me incliné por la versión verdosa, aunque también existe una variante cafesosa. Y aquí es donde Haolonggood juega bien sus cartas.

Ambas opciones funcionan excelente. De hecho, tener las dos es una muy buena manera de jugar con la diversidad dentro de la colección. El cambio de paleta modifica completamente la percepción del animal y permite imaginar diferencias sexuales o simplemente enriquecer la vitrina con contraste visual.

Jugar con el color siempre es una buena opción.

Un poco sobre el Tlatolophus real

El Tlatolophus fue un hadrosaurio del Cretácico Superior, descubierto en México. Destaca principalmente por su cresta distintiva, que lo convierte en una especie muy reconocible dentro de los hadrosaurios.

No es uno de los nombres más populares dentro del público general, pero justamente ahí está su encanto para el coleccionismo: aporta variedad y conversación.

Opinión final

El Tlatolophus de Haolonggood es una de esas figuras que no buscas… pero que necesitas.

No es la especie más famosa, no es el dinosaurio más imponente, pero sí es una pieza que aumenta la calidad y diversidad de tu vitrina. Y eso, para mí, es clave.

Si ya tienes los clásicos, esta es una excelente oportunidad para dar un paso más allá.

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